Blog de Reyes

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CUENTO mayo 3, 2008

Archivado en: Cuentos — reyes2 @ 5:39 pm
   De pequeños nos han contado muchísimos cuentos, y todos hemos soñado con las aventuras que   los personajes de estos han tenido que vivir, hemos disfrutado, reído, soñado y llorado muchas   emociones, por ello quiero compartir este cuento, que posiblemente no conozcáis. Espero que os   entretenga y que si es de vuestro agrado se lo podáis contar a quien queráis.

 

 

La piel del becerro

 

 

   Erase una vez un niño al que se le murió la madre y se quedó solo con su padre. Al cabo de unos años el padre decidió casarse con otra mujer, para que su hijo tuviera a una madre. Pero al niño no le caía bien su nueva madrastra y a la madrastra no le caía muy bien el niño y todos los días al venir de la escuela la madrastra le preguntaba al niño:

-         Niño que has hecho hoy en la escuela.

   Y el niño respondía.

-    Que voy a hacer, croar como las ranas.

   Al día siguiente la madrastra volvía a preguntar y el niño respondía.

-    Que voy a hacer, ladrar como los perros. 

   Al día siguiente pasó lo mismo y entonces la madrastra harta del dichoso niño le dijo a su esposo que eligiera entre su hijo y ella que no estaba dispuesta a soportar a ese niño impertinente ni un minuto más. Entonces el padre tomó una decisión, llevó a su hijo a una cueva que tenía, donde todos los días le llevaba de comer a escondidas de la mujer. Pero un día el niño vio una luz a lo lejos y como estaba aburrido fue hacia allí sin decirle nada a su padre. El padre, al llegar a darle de comer a su hijo se dio cuenta de que ya no estaba allí, y entonces comenzó a lamentarse y a pensar en lo cruel que había sido con su hijo, en el poco tiempo que le había dedicado. En ese momento se dió cuenta de lo mala que era la persona con la que se había casado y cuando llegó a su casa se peleó con su esposa, y rápidamente se fue a buscar a su hijo.

  La luz que vio el niño a lo lejos era la luz de un cortijo. Cuando llegó allí el niño, vio a unos hombres, los dueños del cortijo, que estaban preocupados porque su perro no paraba de ladrar, entonces el niño dijo:

-         Yo sí se lo que le pasa a vuestro perro.

-         ¿Qué es lo que le pasa al perro niño?-preguntaron los hombres asombrados-.

-         El perro está ladrando porque unos ladrones han enterrado debajo de su caseta un botín robado.

-         ¿Es eso cierto niño?

-         Comprobémoslo.-dijo el niño-.

   Entonces los dueños del cortijo comenzaron a excavar debajo de la caseta del perro, y encontraron una fortuna. Los hombres agradecidos con el niño le dijeron que se quedara unos días a vivir allí y el niño respetuoso, rechazó lo que le ofrecieron y dijo que él debía continuar su camino hacia Roma para hablar con el papa.

  Al día siguiente el padre buscando a su hijo llegó al cortijo, y a los dueños del cortijo le preguntó que si habían visto a un niño. Los dueños respondieron que sí, que su hijo era un niño muy listo y honrado. Después el padre preguntó que si sabían dónde había ido el niño y los dueños respondieron que iba hacia Roma. Entonces el padre siguió buscando a su hijo.

  El niño creció y siguió su camino. Un día se encontró con una familia que estaba muy preocupada porque su hija acaba de hacer la comunión y al poco tiempo de tomar el cuerpo de Cristo se puso muy mala. Entonces el niño dijo:

-          Yo si se lo que le pasa a la niña, que se agachó a beber agua al río y una            rana se llevó la ostia consagrada que acababa de tomarse.

-          Vayamos a buscar a esa rana y vamos a quitarle la ostia consagrada para dársela a la niña.-dijo el padre de la niña-.

  Comenzó ante la desesperación, toda la familia a buscar la rana y el tío de la niña encontró a la rana y la cogió. Le abrió la boca y se dio cuenta de que la rana llevaba la ostia consagrada. Rápidamente se la dieron a la niña y como dijo el niño, la chica se recuperó en unos instantes. La familia de la niña estaba tan agradecida con el chico que le invitaron al convite de la comunión pero el niño rechazó la invitación, diciéndole a esa familia que se tenía que ir a Roma a ver al papa.

  Unos días después el padre del niño pasó por el lugar donde esa familia había celebrado la comunión de la niña y desesperado el pobre hombre le preguntó a la familia por su hijo y el padre de la chica dijo:

-         ¡Ah! Su hijo es ese niño que nos ayudó a salvar la vida de mi hija. Pues la verdad el chico no quiso entretenerse mucho porque decía que tenía que ir a Roma a ver al papa y todavía le quedaba mucho camino.

-         Bueno, muchas gracias de todas formas señor, seguiré yo también buscándolo a él.-dijo el padre apenado y a la vez muy orgulloso de su hijo-.

 

  El chico, ya casi hecho un hombre iba un día por la carretera camino a Roma cuando un coche lleno de cardenales se para al lado de él y le pregunta:

-         ¿Chico a dónde te diriges?

-         Voy hacia Roma a ver al papa.

-         Pues nosotros también vamos a Roma porque uno de nosotros será el nuevo papa. Si quieres puedes venirte con nosotros.

-         Vale, me iré con vosotros.

  Iban todos camino a Roma y en el trayecto salió una conversación:

-         Nosotros vamos a Roma, porque el papa ha muerto. Tenemos que pasar por un lugar donde nos van a elegir a uno de nosotros como papa.-dijo uno de los cardenales -.

-         Bueno entonces uno de nosotros será el nuevo papa.-dijo el niño-.

  Los cardenales y el niño por fin llegaron a Roma. Allí había un arco lleno de flores y de pájaros. También había un gran campanario con tres campanas.

  Uno de los cardenales explicó al niño que cuando el verdadero papa pase por el arco todos los pájaros piarán las campanas serán tocadas y el sol brillará como nunca. Al rato de la explicación el niño se despidió de todos los cardenales. Y se fue a darse una vuelta.

  Los cardenales comenzaron a pasar por el arco. Pasó uno, pasó otro, pasó otro, hasta que pasaron todos, y las campanas no tocaban, los pájaros no piaban, el sol no brillaba y uno de los cardenales se acordó del niño que los acompañó en el viaje, y comenzó a buscarlo ayudado por los demás cardenales hasta que lo encontraron, y le dijeron:

-         Niño pasa por el arco, ¡a ver si vas a ser tú el nuevo papa!

-         Está bien, pasaré.

  Y al pasar, las campanas comenzaron a tocar, el sol brillaba mucho, los pájaros piaban, es decir, ya se había encontrado al nuevo papa.

  Un día el niño ya hecho papa, estaba sentado en una silla de la catedral cuando su padre se acerca a él, sin saber que es su hijo, se arrodilla y le dice:

-         Señor perdóname, me arrepiento de todo lo que le he hecho a mi hijo, llevo ya muchos años intentando buscarlo y nunca lo he podido encontrar, para pedirle perdón.

  Entonces el papa le respondió:

-         No permito que un padre se arrodille delante de un hijo.

  Rápidamente el padre y el hijo se levantaron y se abrazaron.

 

 

Colorín colorado este cuento se ha acabado.                                    FIN

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